Reseña acerca del Museo Nacional de Arte (MUNAL)
El Museo Nacional de Arte, se ubica en el centro de la Ciudad de México, a un costado del Palacio de Bellas Artes, enfrente del antiguo edificio de Correos, y en la Plaza de Armas de Carlos IV.
El Museo está referido principalmente al arte moderno y contemporáneo realizado por artistas mexicanos durante los siglos más recientes, llegando a mediados del siglo XX. También nos muestra una parte novohispana relativa al tipo de barroco que perduró en México.
El Museo distribuye sus salas acorde con la cronología histórica; las primeras salas están dedicadas al arte barroco novohispano, siendo todos los cuadros del estilo litúrgico y eclesiástico, expresando temas bíblicos casi todos ellos. Denotan todavía una supremacía de Europa en su pintura, y no logran una autonomía americana artística. Son cuadros muy recargados de motivos tanto oscuros como luminiscentes, y de figuras piadosas, divinas y angélicas, con el último propósito de granjear un mundo católico en México, a través del poderoso lenguaje de la imagen. La última sala de temas litúrgicos, son cuadros del siglo XVIII. Notamos aquí una ausencia del barroco extremo, y una mescolanza más con lo indígena, a través de rostros menos duros, menos perfectos, más curtidos, y sobre todo, más humanos.
No obstante, el interés histórico alrededor del estudio de nuestro México actual, se obtiene en el arte que ostentan las salas dedicadas al siglo XIX. Existe en tales salas, un cambio vertiginoso del arte con motivos religiosos, a un arte con motivos más sociales, e incluso humanos. Los artistas del siglo XIX —tómese en cuenta que acaban de obtener una nación independiente— buscan, por encima de otras tendencias en su arte, forjar la imagen plástica del nuevo Estado independiente. Es este un arte que apela al pasado indígena mesoamericano, que anula a experiencia con los españoles, y que revindica al pueblo mexicano como súmmum de eventos legendarios en el antiguo Tenochtitlan. Son retratados como héroes nacionales los mexicas, y la vida cotidiana del siglo también cobra cierta importancia.
Conforme evoluciona el arte del siglo XIX, los artistas renuevan sus conceptos con mayores avatares relacionados también con la formación del país. Son recurrentes los temas de parajes y paisajes esplendorosos, que rebuscan un México romántico acaso olvidado por las guerras entre liberales y conservadores. La temática del desarrollo urbano y el avance de las grandes ciudades, puebla los grabados de ciertos artistas. Todo nos lleva a contemplar una transformación tardía hacia el mundo moderno, del antiguo México colonial, mediatizado por el caudillismo, y las execrables guerras.
Se aposentará esta forma de hacer arte para la posteridad del siglo XX, mientras que hacia el final del XIX se deja un poco de lado. Las siguientes salas lo muestran perfectamente. Artistas mexicanos viajan a Francia y recorren Europa, llenándose del Simbolismo y del Impresionismo todavía en sus primeros albores. El artista mexicano, a finales del siglo XIX, es artísticamente más libre, ya que experimenta con un sentido más humano que social, aunque aparta las preocupaciones por la formación del Estado moderno, en aras de la belleza de las vanguardias posteriores.
A inicios del siglo XX, el arte, tanto en México como en el mundo, deja de ser cuestión de corrientes, y se vuelve divergente como tantos individuos la persigan. Las últimas salas del Museo —acaso la primera de estas, exhibe un poco del Presidencialismo en cuadros muy patrióticos y con indígenas como el emblema principal, guiados por el exacerbado nacionalismo y su consecuente indigenismo exaltado— nos muestran diversos estilos, que pueden tocar desde el surrealismo mexicano, hasta la evocación de nuevo de un pasado indígena, que apoya fervientemente el nacionalismo de la época. Tenemos aquí, a pintores tan elevados como David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera, que en tanto muestran una versión nueva de México (muy semejante al modelo latinoamericano), también nos enseñan que son capaces de explorar un arte más airada, que se preocupa no tanto de la denuncia o el pacto social, sino del desarrollo propio del pintor.
En resumen, es un Museo indispensable para entender, por medio del arte visual, la formación del México moderno, y comprender la fervorosa inquietud de arraigo que poseen los mexicanos sobre su tierra. Apela el arte con gran frecuencia a la defensa de un ideal aún del todo increado, pero de fuertes raíces, como lo puede ser el Estado mexicano.
jueves, 19 de febrero de 2009
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